martes, 16 de junio de 2009

No nos lo perdonarán (y V)

No se encontraba muy bien. Supongo que la había sometido a mucha presión. Aparecer allí sin avisar, sin encomendarme a nadie, me resultaba ahora egoísta, desconsiderado, de un perfecto cabrón. Había calculado todo al milímetro, mis palabras, la llegada, las miradas, pretendía que fuera perfecto, el regreso del hijo pródigo. Pretendía que fuera definitivo, las cartas boca arriba, abran juego señores, es la última partida, la última oportunidad y lo aposté todo, si tienes poco tu única esperanza es hacer saltar la banca, no quieres un poco más, lo quieres todo.

Entró en la cocina, oí voces, hablaba con el encargado. La gente seguía mirándome, pero ya no me importaba, mi cerebro establecía por su cuenta pensamientos y posibles acciones para salir indemne de esta, nada estaba saliendo como esperaba, estaba volviendo a repetir los errores de siempre, el problema no era el lugar, el problema no era ella, ni siquiera era lo que yo sentía, el problema era yo. Apenas fueron 15 minutos, me parecieron siglos.

-Vámonos Tom-Dijo Cathy con voz cansada, como si fuera una escena mil veces repetida, como tu canción preferida mil veces seguidas.

Salió ya cambiada, unos pantalones de pana negra, un forro polar, un anorak en el brazo y un gorro de lana blanco dejando escapar su enmarañado pelo rubio por debajo y entonces recordé, recordé la primera vez que la vi en el bar, hacía ya mucho años, con su ridículo gorro de papa Noel y medio borracha. Nunca he odiado a nadie tanto como me odie a mi mismo en ese mismo momento, me odié por hacer tan complicado algo tan sencillo, la quería y eso tenía que haber sido suficiente, la quería por encima de las infidelidades, de los gritos, de sus huidas, de nuestros sueños enfrentados, de todo lo que dejamos detenido durante años.

Justo mientras le sujetaba la puerta me volví y vi que el que debía ser el encargado me miraba con cara desaprobación desde la puerta oscilante de la cocina, amenazante, peligroso, un tipo rudo, gordo, grasiento, con un tatuaje que le sobresalía por el brazo de su ajustada camiseta negra, mascaba chicle y movía su perilla roja al compás de las sienes de su cráneo pelado. “Si le haces daño te mataré” juro que oí sus pensamientos. Le miré fijamente, digno y desafiante me di la vuelta decidido, pisé una placa de hielo y casi me caigo si no hubiera sido porque todavía estaba agarrado al tirador de la puerta. Las risas se oyeron en España.

Cathy esperaba en la puerta del todoterreno mirándome con cara de mala hostia.

-¿Abres la puta puerta o qué? Joder que manía con cerrar el puto coche. Déjalo abierto como todo el mundo joder.
-¡Voy joder!, ¡voy!-No llevaba media hora allí y ya el odio empezaba a compensar al amor, o lo que fuera…

Le di al mando y muy despacio me acerqué al coche. Dos resbalones no tendrían perdón.

-¿Pero tú no vienes en coche hasta aquí?- Le pregunté una vez dentro.
-Matt pasa a recogerme por las mañanas y me lleva por las noches- Contestó Cathy.

Primer pensamiento: No pasan la noche juntos. Joder, no tengo remedio…

Conduje hasta el inhóspito pueblo que había pasado en el camino de ida justo antes del desvío. Me guió por las calles. Yo la miraba de reojo. Todo era irreal.

-Estás muy pálida. ¿Te encuentras bien? -Le dije tratando de empezar una conversación.
-Vete a la mierda. –Contestó ella.

Mensaje recibido. No hay ganas de hablar.

Llegamos a su casa-piso. Apenas algo más grande que el todoterreno. Aparqué en la puerta, bajamos del coche y cuando íbamos a entrar cerré con el mando a distancia las puertas. Ella me fulminó con la mirada.

Todo estaba desordenado, frío, casi sucio. Me abstuve de hacer ningún comentario.

-Voy a darme una ducha.-Dijo Cathy mientras empezaba a desvestirse.
- Tómate el tiempo que necesites.

Cuando salió de la habitación con la toalla. Vi las marcas inconfundibles en su brazo.

¿Hasta dónde habías bajado Cathy? ¿Dónde te encontrabas ahora? ¿Dónde iremos a parar? ¿Dónde estuve para evitarlo? Maldita sea. Pasados los años me di cuenta que no me lo perdonaría nunca.

5 comentarios:

  1. Te sigo leyendo... estoy enganchada a la historia y tu forma de contarla.

    Saludos,
    MaiV.

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  2. En fin...va a peor???...q triste...

    Saludos de la chica d pocas palabras...jeje

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  3. Me encanta el carácter de Cathy... es un personaje con mucha fuerza.

    Pd. Y deja de hacer eso de dejarme con la intriga al final!! bueno no, que me encanta :P

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  4. Gracias a las tres por seguirme leyendo. Rotundamente sí. Va a peor, ya queda poco para saber que pasó con todo. Antes de Agosto todo dicho, supongo que luego me dedicaré a poner pequeñas historias, pero lo fundamental estará dicho.
    PD: A mi también me encantaba.

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  5. Aquí os dejo abrir un e-libro muy útil para que lo miréis, se llama “Manual y espejo de cortesanos”, de C. Martín Pérez.

    http://www.personal.able.es/cm.perez/comentarioslibros.html
    http://www.personal.able.es/cm.perez/Manual_y_espejo_de_cortesanos.pdf


    Simula, disimula, no ofendas a nadie y de todos desconfía: antiguo consejo para un joven Rey Sol que te servirá para desenvolverte y medrar en la Corte en la que todos sobrevivimos. Donde hay un grupo de personas, existirá una lucha por el poder, alguien lo conseguirá y a su sombra crecerán los cortesanos que conspirarán para quitárselo o para agarrarse a una porción de poder dentro de su Corte. Tal vez aún no te hayan contado cómo funciona todo esto. Te guste o no, ya estás metido de lleno en la Corte y es mejor que domines sus reglas. Despierta, otros ya te llevan ventaja. Es hora de medrar.

    Saludos

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