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martes, 9 de junio de 2009

Otra vez a casa

Nadie entendía mucho. Era uno de los deportes europeos.

-Pero a eso sólo se juega en el parque, no es un deporte serio, ¿no?. –Decían tratando de joderme.

“Esta vez no pasamos ni de primera ronda. Nunca ganaremos el mundial.” No entienden tanta decepción, y me preguntan alrededor de cuatro cervezas porqué digo eso.

A Adam le gusta la historia, es mecánico en una gasolinera, nunca pudo ir a la universidad. Pero lee, mucho y bien. Es uno de los tipos más inteligentes y honrados que he conocido. Si la responsabilidad para gobernar el mundo se diera por inteligencia y honradez en vez de por títulos y masters pagados a tocateja el mundo cambiaría. A Adam le resultan curiosas cosas que los demás no se paran a pensar. Años después cuando volviera a Boston, cenando en su casa, en una larga conversación me lo demostraría: ¿Por qué debemos de renunciar a nuestras libertades por vivir en guerra contra el terror? ¿Por qué la gente vota a un imbécil que dice “War is my life´s choice”? Un año después un hermano suyo moriría en Irak. Entre otras cosas también le parece increíble que cuando se jode el coche se lo lleve a arreglar.

-No te creas ni media palabra de este tipo Cathy. ¿Es ingeniero y necesita que yo le arregle el coche? ¿No tiene manos? –Suele decirle a Cathy, y todos se ríen, yo encojo los hombros.
- ¡Bah Tom! ¿Sois todos los españoles tan gilipollas como tú? –Risas y más risas.
-No. –Contesto. –A mí me echaron de allí por gilipollas. En el fondo, esa frase tiene parte de verdad.

Me voy a la barra y pido una cerveza, Adam viene conmigo.

-No he leído nada de tu país. Explícamelo en una cerveza… pero no te pongas pesadito. –Me dice mientras me da una palmada en la espalda y se ríe.
-Me sobra medio botellín Adam.

Somos los eternos perdedores, los que lo tuvimos todo menos los gobernantes adecuados. Los que cuando no tenemos a quien joder nos dedicamos a jodernos entre nosotros. Es difícil tratar de explicar de dónde vengo. Le explico que una vez estuvimos en guerra con ellos por una excusa mal montada, que una vez dominamos el mundo al grito de Santiago en distintas lenguas, distintas lenguas luchando por lo mismo. Que años después, cuando la iglesia, los reyes y la clase política nos habían esquilmado hasta de nuestros sueños, fuimos capaces de echarnos al monte para derrotar al ejército más poderoso de la época a punta de navaja y devolverle el poder a aquellos que nos habían llevado al desastre. Un pueblo inculto, rudo, brutal pero honesto. Honor, honor, honor. Que un siglo y pico después, cuando todo se había ido al garete, aun teníamos energías para fusilarnos y matarnos con saña entre nosotros. Y aquí estamos, todo sigue igual, la misma iglesia, los mismos reyes, la misma clase política, volviendo a ser eliminados en la eurocopa, en el mundial… Fin.

-Un día con más tiempo. Suena interesante. –Dice Adam, mientras me mira de reojo, sin saber si creerse el resumen o si le estoy tomando el pelo.
-Claro. Cuando quieras.

Cathy me besa al llegar a la mesa. A ella también le encanta oírme contar historias. El buen tiempo hace todo más luminoso. Me han publicado una serie de columnas, esta vez aquí, la cosa no va mal. 850$.
Cathy hace las correcciones a mi inglés imperfecto sentada en el porche del garaje. Adoro esta vida. Yo escribo, ella toca en su banda. También doy clases de español y ella trabaja de camarera cuando el dinero no llega con lo otro, pero todo va bien.

-¡Soy el gran Arturo Bandini! ¡Soy el gran Arturo Bandini! –Suelo gritar cuando recibo un talón y ella se ríe y salta sobre mí. Con eso pasamos otro mes sin apuros. La siento en la mesa del comedor, me mira a los ojos mientras me besa. Me gusta su mirada en plan: “Soy la más zorra del mundo y no sé si tengo suficiente contigo”. La clava. Acabamos follando allí mismo, mejor que nunca…al menos para mí.

Estoy viviendo. Estoy vivo. Me siento vivo 16 horas al día, el resto duermo. Antes era al revés. Era un sonámbulo 16 horas al día, el resto soñaba con huir.

martes, 28 de abril de 2009

Melancolía e infinita tristeza

No puedo ver la razón por la que se aleja de mí. No alcanzo a saber que oculta cuando trato de besarla en el bar, y se apoya en la barra, de manera descuidada, borracha, sabiéndose dueña de todo, tirando los vasos al suelo.

No puedo ver ángeles donde ella los ve. Ya lo he entendido, ella me lo hizo entender. La belleza está en los ojos del que mira. Y Adam D. coge una guitarra y toca para treinta personas, soy un privilegiado, me siento a escuchar, y ella se sienta en mis piernas mientras susurra todas las letras. Nada podría ser mejor. Alejado de sus Los Ángeles, en la ciudad de Evan, de Juliana, de Bill y Chris. Quizás California sea mejor que esto. Sin frío, sin nieve, puta nieve. Pero no sin ella.

Es tarde ya. Hace tiempo que no tengo esa extraña sensación de melancolía que me hace convertir en pasado lejano lo que ocurrió hace un par de días, y añorarlo, sentirlo mejor, mejor incluso de lo que fue. Mi mente selectiva me juega malas pasadas. Y en estas tardes de verano en las que las ventanas de la casa están abiertas y camina descalza por el jardín mientras canturrea distraída no puedo evitar pensar que nada podría ser mejor, aunque ella tenga las riendas de mi vida y me deje llevar. Pánico.

Me siento lejos de su mundo, sólo borracho, como ahora, creo que podemos encajar. Sólo cuando me dejo llevar pienso que realmente nada tiene importancia y me siento inmensamente feliz. Son las tres de la mañana y estamos solos, ella y yo. Ella dormida en el sofá, yo tratando de unir frases inconexas para tratar de inmortalizar esta sensación que no quiero que acabe.

Ojalá esto fuera el mundo real, pero sé que en algún momento vendrá la oscuridad a mis pensamientos y el verla pasear descalza no será suficiente. El notar el calor del verano y sentir como suda mientras nos miramos fijamente al hacerlo no alcanzará para barrer mis miedos.

Voy a dejar de escribir por hoy, barrunto que me espera un largo invierno.

jueves, 15 de enero de 2009

Llegada



No me pareció una mala idea. Era una oportunidad en el "desarrollo de mi carrera" y salir del "estancamiento profesional" en el que me hallaba, como así solían decirlo en esas reuniones áridas y soporíferas en las que el responsable de recursos humanos se creía el amo y señor de tu futuro. Esa vez me sorprendieron, trataron de comprarme a base de pagarme un máster en Estados Unidos. No me pareció mal, pero por motivos muy distintos a los que ellos pensaban, estaría estancado a nivel profesional pero a nivel personal aquello supuso prender la mecha a una revolución que empezó con una pequeña idea en el mismo momento que decían: Boston.

Hay que joderse, de todas las cosas que se me podían haber dado bien en el mundo, resulta que se me iba a dar bien algo que me resultaba aburridísimo. Así que con el paso del tiempo mi productividad había bajado de manera alarmante y había pasado de ser uno de los más "prometedores activos de la compañía" a un "trabajador del montón", yo no había apreciado tal cambio en mi manera de trabajar, si en la manera de mirarme que tenían, ya no tenía ninguna ilusión eso era cierto, aunque el cambio de jefe tenía mucho que ver. Luis ya no era mi jefe directo y ahora tenía un ignorante que no sabía hacer la O con un canuto como "inmediato superior". No es que mi trabajo fuera complicado, ni requiriese de una vocación descubierta desde la más tierna infancia, era ingeniero y tenía algo de sentido común, el resto fue estar en el momento adecuado en el sitio adecuado y haber seguido creyéndome la historia de la "excelencia profesional". Ahora me sentía vacío.

Así que cuando me propusieron cursar un máster en la universidad de Boston dije que sí, que por supuesto, faltaría más, a sus órdenes, mientras sonreía para mis adentros. Duración seis meses. Salida en 15 días, a finales de Septiembre estaría allí. Tenía la excusa ideal en el momento oportuno. Vendí el coche, las cuatro cosas que tenía, me di cuenta que mi vida se resumía en 10 cajas, en la segunda criba se redujo a 7, en la tercera a 5. Le di todos los libros a mi hermano compre una maleta grande y metí sólo ropa. Luego decidí que no. Utilicé mi maleta normal y metí la ropa justa, ya me compraría allí. No tenemos nada. Me di cuenta al tratar de meter mi vida en cajas.

La empresa me organizó todo, me buscó una residencia, se empeñaban en que no mirase lo más económico, busqué algo normalito, lo justo para poder estar allí 5 días mientras encontraba un piso para compartir o un apartamento pequeño. Solucionaron todo el tema de papeleo, todos los visados, me abrieron una cuenta, me compraron el billete de ida y me matricularon. Siempre había necesitado un pequeño empujón a la hora de tomar decisiones importantes, me lo pusieron en bandeja. Sólo les falto haberme llevado al aeropuerto.

Aterricé en el aeropuerto de Boston un martes 23 de Septiembre de 1997. Justo una semana después les llegaba la devolución del importe por la anulación de la matrícula, les abonaba los gastos de avión y la estancia en la residencia. En un escrito les comunicaba mi "baja voluntaria de la empresa". Sólo llamé a Luis para explicárselo, lejos de reprocharme nada se río:

- ¡Que raro eres chaval! ¿Sabes que has mandado al cuerno una buena oportunidad?, ¿no?

Le expliqué porqué lo había hecho.

- ¡Que se jodan! Disfruta lo que puedas, pásame a ver cuando vuelvas.

No éramos amigos. Él era mi jefe, era el único que sabía del tema, nos caíamos bien, desconozco el motivo. No hablábamos mucho, en el fondo temía la reacción sobre mi decisión de la única persona que estimaba en esa empresa. Respondió exactamente lo que esperaba, "¡que se jodan!". Tenía que dejarme llevar por mis intuiciones más a menudo. Tenía que empezar a ser yo mismo de nuevo y tenía una ciudad y una página en blanco que empezar a vivir.