martes, 5 de mayo de 2009

No nos lo perdonarán (II)

Ahí dentro estaba una foto de Sandra, mi ex, con mi familia, las llaves de mi expiso y mi excoche… mi exvida. Después la caja ardía y me quemaba los brazos, mientras, el resto del cuerpo seguía helado y poco a poco comenzaba a gotear, me estaba derritiendo, consumiendo, desapareciendo en un charco. Me desperté. Durante unos minutos lo sentí real. No creo en los presagios, pero me sentí intranquilo durante unos minutos, aquello no podía ser nada bueno, supuse que era sólo el miedo, el miedo otra vez. Eran las 5 de la mañana. Me levanté. Me di una ducha, preparé la mochila y bajé a desayunar algo tratando de hacer el mínimo ruido posible.

Con el café en las manos me dirigí al garaje. Abrí la caja con cuidado, cortando el precinto con una navaja que había en una caja de herramientas. El sueño me había dejado inquieto y no sabía que podía encontrar.

Ahí estaban unos cuantos discos míos, un par de cuadernos que dejaría olvidados en algún cajón de la casa, un par de camisetas, mi armónica, y sobres con fotos. Una veintena o más de sobres llenos de fotos. No había visto ninguna en casa. Deduje que desde que me fui había recopilado y hecho copias de todas las fotos que habían hecho sus amigos y en las que salíamos juntos, jamás imaginé que fueran tantas. Pero ahí estaban y en todas yo era irreconocible, en todas se me veía feliz. Cerré la caja y los ojos durante un instante. Estaba sólo a unas horas de lo que veía en las fotos. Un poco mareado me dirigí a la cocina. Mi determinación, si alguna vez en los últimos días había llegado a flaquear, era ya absoluta.

A las seis menos cuarto bajó Adam.

-¿Te he despertado? -le pregunté.
- No, no, tranquilo. Me despierto siempre pronto.

Trató de beberse el café que yo había preparado…

-¿Pero qué mierda es esta? –Lo escupió en la fregadera.
-Perdón preparé un poco para mí. Échale más agua. –Reí.

Adam rió. Siempre les decía lo mismo. Me consideraban un derrochador y yo los acusaba de bárbaros por aguar el café.

-¿Sales ya? –Me preguntó.
-Sí. Cuanto antes mejor, no sé lo que me puede costar.
- ¿Con que vas? –Parecía mi madre preguntado si iba bien equipado a los campamentos.
- Tranquilo les he alquilado a los de Alamo un GMC Sierra. Lo llevo todo, estoy preparado.

Silencio. Adam quería decirme algo y no se atrevía.

-Dispara. –Quería igualarme al chico duro de los bosques del Norte.
-No sé Tom… Intenta que esta vez salga bien. Veníos a Boston. Será como en los viejos tiempos… No os hagáis más daño, no os lo perdonaría.
-Lo intentaré Adam, de verdad. Gracias por dejarme pasar la noche aquí. Me alegro de haberte vuelto a ver. Dale un beso a Jane de mi parte.

Le abracé, dejé la taza en el fregadero, me puse la mochila y cogí la caja. Me dirigí hacia la puerta que desde la cocina daba al lateral donde tenía el coche, justo antes de abrirla me volví. Adam apoyado en la bancada de la cocina me miraba. Hizo un gesto con la mano, le respondí con la cabeza y salí. El frío me corto la cara como un cuchillo.

Miré el coche. Me di la vuelta y volví a entrar. Adam seguía en la misma posición, una sonrisa se le dibujaba en la cara.

-¿Y bien chico preparado? –Ahí lo tenías, la satisfacción, la ironía y la preocupación hecha hombre.
-¿Me dejas una pala y una rasqueta para quitar toda la nieve?
-Espera que me vista. Te ayudaré.

En ese momento sentí que tenía que darle las gracias. No por esto, por mucho más.

-Gracias Adam… por todo. Sé que pudo venir a España porque tú le dejaste el dinero.
-Esa cabrona no es capaz de mantener la bocaza cerrada…
-Ya la conoces.-Dije, con ganas de añadir, incluso mejor que yo, pero no quería remover viejas historias.

Una hora después estaba con el plano abierto y las notas en el asiento del copiloto rumbo al Norte, todavía más al Norte.

5 comentarios:

  1. Hay, por fin nos quitas la intriga de saber que había dentro. Ay, el café aguado, jaja. Seguiré pendiente. Un saludo.

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  2. Como ves no era tanta la intriga, jejeje. Aunque el sueño fue, en cierto modo, premonitorio a nivel de sensaciones...

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  3. Conozco bien la extraña sensación que pueden dejar los sueños. Tan irreal y real a la vez, debidos a nuestros miedos, temores e incertidumbres.

    Un beso expectante.

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  4. Miedos, miedos, miedos... tema recurrente en mi. Y si encima se materializan tienes que soportar a esa parte del cerebor que te dice: "Lo ves, ya te lo decía yo"

    Gracias por pasarte por aquí Alba.

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  5. Me gusta, me deja con ganas de más... esperaré imapciente el siguiente capítulo.

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