miércoles, 17 de diciembre de 2008

Logan International


Y de repente apareció.

Y rescató sentimientos del fondo de ese escenario, no soy lo que el público espera, pero ella sigue mirándome fijamente, clavando sus oídos en mí, buscando trazas de un recuerdo provocado por ella en la última estrofa de un rebuscado estribillo. No está. La omisión es mi última venganza. La ausencia hace que en el fondo toda la canción hable de ella. La omisión es mi siguiente derrota, es no volverse por saber que te están mirando mientras te alejas, es tratar de asesinar con orgullo lo último que podrá mantenernos unidos mañana, mañana, siempre mañana, quizá mañana.

Levanto un muro de ruido a final de cada canción, todo se acelera, nada es como empieza, todas las canciones son iguales, todas hablan sobre ella, y las luces parpadean, no consigo ver ni oír mas allá de los golpes en el pecho, y la gente salta, y ella está ahí parada, en medio de todos, como un fantasma, algo irreal.

Y la certeza me surge incontenible, siempre te traté como si yo fuera necesario, cada promesa te incluía solamente a ti.

Las preguntas se agolpan, y el muro crece, el ruido de la distorsión es la traducción de mi caos, y me pregunto: "¿Ha sido necesario todo esto?, ¿tuve que marcharme tan lejos para acabar cantando canciones sobre ti?, ¿dónde has estado?, ¿desde cuándo puedo hacer todo esto solo?"

Y entonces la recuerdo, retirándose el pelo de la cara, inclinada sobre su guitarra, recogiéndose su liso pelo rubio detrás de las orejas, siempre me fascina ver como hace ese gesto mientras me mira, mientras comienza "I'm Allowed", a su modo, como todo, medio borracha, consciente, sabiendo que es la única que puede hacerlo así en todo el mundo. Boston incluido.

Me recuerdo mirando por la ventana y viendo su bicicleta apoyada en el árbol del jardín, de la pequeña casa del 276 en Windsor St. El viejo Oldsmobile con dos de sus ruedas sobre el césped.
El otoño empieza a cubrirlo todo, la pequeña valla de madera sigue en su sitio, buena señal, al menos ahí fuera nada se está rompiendo en pedazos.

Por la tarde iremos al bar, ella tocará, y todo el mundo odiará a ese pequeño español al que en cada concierto ella le dedica "Maybe". Era afortunado en aquel fin de verano de 1998.
Lo siguiente que recuerdo con claridad es un autobús por la 90 dirección al aeropuerto, todo nevado, yo congelado, completamente, hasta los huesos, hasta el alma.
Hasta hoy.

La música acaba. Ella sigue allí. Ya no soy tan valiente.

Han pasado 3 años.

La seguiría al puto infierno solamente con que me lo pidiera una vez.

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